<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Silvia Nuñez del Arco</title>
	<atom:link href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Thu, 17 May 2012 05:56:18 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.2.1</generator>
		<item>
		<title>Mamá dice</title>
		<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=706</link>
		<comments>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=706#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 17 May 2012 05:56:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=706</guid>
		<description><![CDATA[“Me llamas apenas llegues.” “¿Vas a ir así vestida? ¿Mejor anda calata no? ¿No tienes frío? Llévate esta chompa para el regreso. No importa que no te la pongas, ¡llévala!”  “¿Por qué no me das beso frente a tus amigos? ¿Acaso te avergüenzas de tu madre?” “¿Y dónde es la tal fiesta? ¿A qué hora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/05/super-mamá.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-707" title="super-mamá" src="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/05/super-mamá.jpg" alt="" width="424" height="424" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">“Me llamas apenas llegues.”</p>
<p style="text-align: justify;">“¿Vas a ir así vestida? ¿Mejor anda calata no? ¿No tienes frío? Llévate esta chompa para el regreso. No importa que no te la pongas, ¡llévala!”</p>
<p style="text-align: justify;"> “¿Por qué no me das beso frente a tus amigos? ¿Acaso te avergüenzas de tu madre?”</p>
<p style="text-align: justify;">“¿Y dónde es la tal fiesta? ¿A qué hora vuelves? Vuelves a las tres en punto. No me interesa que tus amigas tengan permiso hasta más tarde. ¿Ah ya, o sea que si todos se tiran del puente tú también te tiras?”</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-706"></span>“¡Yo soy la única que hago todo en esta casa! ¡Yo tengo que pensar en todo! ¡Desde que me levanto estoy recogiendo pijamas por todas partes! ¡Ando ordenando todo lo que tú dejas tirado! ¿Y todavía me pides que me apure? Ya no quiero ir a ninguna parte.”</p>
<p style="text-align: justify;">“Ya, a dormir, ya es hora de dormir. Apaga la computadora. Estas no son horas de estar chateando. ¿De qué te ríes? ¿No estoy hablando dormida, estoy despierta porque escucho como chancas el teclado hasta mi cuarto.”</p>
<p style="text-align: justify;">“¡Ya, ya, ya, despierta! ¡Estas no son horas de dormir! ¡Toma tu desayuno! ¡Lava tu plato! ¡Tiende tu cama! ¡Ordena tu ropa! ¡Por lo menos pon tu ropa en la ropa sucia! ¡Es lo mínimo que puedes hacer! ¿Por qué siempre esperas que alguien haga todo por ti? ¿Cómo va a ser cuando tengas que vivir sola?”</p>
<p style="text-align: justify;">“¿Y a mí no me saludas? ¿Qué acaso yo estoy pintada en la pared? Ven acá y saluda a tu madre como Dios manda.”</p>
<p style="text-align: justify;">“¡Ya, a comer! ¿Cómo que no te gusta? ¿Qué tiene de raro eso? ¡Es pollo! ¡Yo no veo ningún nervio! ¿Come, quieres? No me interesa cómo hacen en pollo en casa de Periquita, ¡come! ¿Y en las otras casas te portas así de mal? No, no puedes pedir otra cosa. Acá no se cocina a la carta. ¿Qué crees que esto es un restaurante?”</p>
<p style="text-align: justify;">“¿Vas a salir? ¿Y adónde, se puede saber? ¡Pero si nunca estás en la casa! ¿Cuándo vas a pasar tiempo con tus padres? Esto no es un hotel. ¿Qué crees, que puedes irte tres días a dormir a la casa de tus amigas? No, hoy no te quedas a dormir donde nadie, esta noche vienes a dormir a tu casa. ¿Qué van a pensar los papás de tus amigos, que no tienes casa?”</p>
<p style="text-align: justify;">“¿Es día de la madre, no? Podrías haberme comprado un regalo. Un chicle por lo menos, un chocolate, una tarjeta. Un detalle. No es cuestión de dinero, es un gesto de cariño. ¿Por lo menos podrías acompañarme a misa, no? Hazme el favor de venir, aunque sea por mi día, vas a ver lo bien que te va a hacer.”</p>
<p style="text-align: justify;">“¿Ya podrías pensar en buscarte un trabajo, no? Yo a tu edad trabajaba y estudiaba. A mí nadie me estaba dando propinitas, yo me las tenía que arreglar por mi cuenta. A los diecisiete años yo ya trabajaba, te cuento, y no esperaba nada de nadie.”</p>
<p style="text-align: justify;">“¡No me contestes! Eso seguro lo has aprendido de tus amigotes, que son todos unos vagos, buenos para nada. Andan todo el día con los ojos rojos, ¿qué crees, que nací ayer, que no me doy cuenta? ¿Crees acaso que no sé por qué van tanto al malecón? ”</p>
<p style="text-align: justify;">“Hazme un favor. Lleva este plato a la cocina y tráeme mi bolsita con agua caliente que me están doliendo las articulaciones. Atiende a tu madre que ya está vieja. ¡Cómo que te da flojera! ¿Apúrate, quieres? Cuando me muera te vas a arrepentir.”</p>
<p style="text-align: justify;">“Porque no. He dicho que no. Cuando yo digo no, es no. Y ni te gastes en preguntarle a tu papá. Ya dije que no y punto. Lo hago por tu bien. Algún día me lo vas a agradecer.”</p>
<p style="text-align: justify;">“No sé, ya deja de preguntar tanto, ya te dije que no. No sé para qué me preguntas si al final vas a hacer lo que quieres. Sí, mejor sabes qué, haz lo que quieras. Pero por lo menos déjame tranquila que estoy viendo mi novela.”</p>
<p style="text-align: justify;">“Tráeme esa cosa que está allí arriba. Eso, esa cosa roja, pues. Ahí, ahí arriba, ¿estás ciega, acaso?”</p>
<p style="text-align: justify;">“¿Qué dijiste? A ver, vuélveme a contestar así.”</p>
<p style="text-align: justify;">“¡¿Estas son horas de llegar?! ¡¿Qué te costaba llamarme?! ¡Pensé que te habían secuestrado! ¡Estaba a punto de llamar a la policía!”</p>
<p style="text-align: justify;">“Yo nunca te pegué, no seas mentirosa, solo te jalé un poco el polo.”</p>
<p style="text-align: justify;">“Come algo antes de salir, hijita, te va a dar anemia. Te va a dar algo si no comes. ¿No vas a terminar? ¡Termina tu plato! ¡Come aunque sea el pollito! ¡Come o me vas a hacer llorar!”</p>
<p style="text-align: justify;">“¿Me ayudas con la compu? ¡No sé qué apreté! ¡Me han salido ocho ventanas diciendo que he ganado un premio! ¿Serán ocho veces el mismo premio? ¿Te puedo agregar al Facebook? ¿Por qué no me has aceptado como tu amiga? Ya vi tus fotos del viaje y les puse “Like” a todas.”</p>
<p style="text-align: justify;">“Tú estuviste en mi barriga nueve meses. No tienes idea cuánto puedo amarte. Te amo desde que supe que estaba embarazada. El amor de una madre es infinito. Cuando tengas hijos me vas a entender.”</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2&#038;p=706</wfw:commentRss>
		<slash:comments>162</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Nomenclatura peligrosa</title>
		<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=701</link>
		<comments>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=701#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 10 May 2012 05:16:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=701</guid>
		<description><![CDATA[Mejor amigo. No, no es tu mejor amigo. Es tu amigo y quiere contigo. Si crees que va a tu casa, te lleva tu helado favorito y te hace masajes en los pies porque le caes bien, eres vecina de Alicia en el país de las Maravillas. La verdad es, despierta, que él te ama [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/05/nomen.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-702" title="nomen" src="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/05/nomen.jpg" alt="" width="424" height="276" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Mejor amigo. </strong>No, no es tu mejor amigo. Es tu amigo y quiere contigo. Si crees que va a tu casa, te lleva tu helado favorito y te hace masajes en los pies porque le caes bien, eres vecina de Alicia en el país de las Maravillas. La verdad es, despierta, que él te ama en secreto. No te trae dulces porque es tu mejor amigo, es tu mejor amigo porque quiere hacer de ti su dulce favorito.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Agarre.</strong> Entonces un día están en una discoteca con más amigos. Están bailando y tomando y luego él te dice: “Flaca, me cago de calor, ¿me haces la taba a tomar aire?”<span id="more-701"></span> Traducción del lenguaje simio-adolescente al humano-decente: él quiere salir del lugar (viejo truco, terrible emboscada, pero tú, necia, sigues en Disney) y cuando menos lo esperas estás apoyada sobre un auto cualquiera con él encima besándote el cuello.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Perra</strong>. Esto es en lo que te conviertes para su novia (¡La concha de la lora!, gritas cuando despiertas al día siguiente y te acuerdas de ella). Tiene novia, pero te ama, y te ve más a ti que a ella, tanto que olvidaste su existencia. Como es obvio, no entiendes por qué se ensañan contigo, cuando es él quien está lleno de contradicciones y fue él quien te embistió como un toro aquella noche afuera de la discoteca.</p>
<p style="text-align: justify;">Tratas de convencerte de que no era para tanto, te tomas un Alka Selzer y decides cerrar la página. Prendes la tele y ves un documental sobre animales promiscuos y, después de un largo top ten en el que figuran pequeñas aves y roedores, ves que el primer puesto lo encabezan unos chimpancés raros llamados Bonobos. Te dices que si tú eres una perra, entonces todas aquellas que te dicen ahora perra por besar a tu “mejor amigo” (hey, ¿A quién no le pasó?) son Bonobas por la cantidad de desconocidos que besan en discotecas cada fin de semana. Prefieres no ponerte de mal humor y seguir utilizando la palabra perra para aquellas mujeres que tienen mejor cuerpo que tú.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Virgen</strong>. Esto es lo que se supone que debes fingir ser (ya todos  sabemos que no lo eres, relájate) para que tu reputación no siga bajando por los subsuelos. Tu mejor amigo no te habla (porque terminó confesándoselo a su novia con lágrimas en los ojos y a sus amigos con una media sonrisa), pero ahora todos hablan pestes de ti, ya nadie se te acerca a menos que sea para pedirte tu encendedor o la hora. Culpa a la religión, culpa a la sociedad, culpa a tu mejor amigo. De ser la mujer que bailaba sobre la mesa pasas a ser la abstemia entusiasta que sabe que debe recoger de a pocos ese honor que se rompió y cuyos pedacitos salieron volando como cristales el día del beso adúltero (y adulterado, por qué no).</p>
<p style="text-align: justify;">Dato extra: La palabra virgen se utiliza para decir que una mujer no ha tenido sexo de principio a fin. Que su cuerpo es un templo cerrado en el que nadie nunca entró ni a dejarle una propina al cura. Pero, un rato, ¿Cuales son los límites? Si caes en la tentación de practicar las variantes del sexo menos aquello que te dejará desprovista de aquel tesoro (ese que tu madre se esmeró en cuidar más que tú), ¿entonces sigues siendo virgen? ¿O vale decir que eres “medio virgen”?</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La flor de la juventud. </strong>Nunca una frase tan huachafa te jugó tan a favor. Tu flor se la quedó algún novio del colegio, pero supongo que es una frase peligrosa para recordarnos que la vida sigue. Besaste a tu mejor amigo, tenía novia, todos están en tu contra, pero no importa. Unos meses después ya todos lo olvidaron (incluso la novia, que ya regresó con tu mejor amigo y se aman más que nunca) y ahora todos señalan a Periquita Larraín, que se bajó el calzón mientras bailaba sobre la mesa, indebida, debida o envidiablemente alcoholizada. Ella es ahora la nueva perra y tú has sido liberada de la presión de la abstinencia al alcohol y a los besos. Es lo bueno de estar en “la flor de la juventud”. Es lo bueno de que la juventud pierda cada vez más pronto la flor y la memoria.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Media naranja.</strong> Es una frase peligrosa, porque ninguna mujer quiere que la comparen con una naranja. Mi media pera hubiera quedado mejor. Pero supongo que algún poeta se quedó corto de inspiración o era gordito y no tenía ya esperanzas de seducir a una mujer escultural. No importa. El punto es que ahora que ya puedes volver a usar escotes y ser tú sin culpa ni recuerdos, has conocido a alguien interesante. Al final tu mamá tenía razón: la vida continúa. Qué viva la flor (la de la juventud pues, cuál otra).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>Matrimonio. </strong>No te atores. Respira. Escuchas esa palabra y caen como ladrillos estas otras: marido (palabra horrible), cuñados (¿parientes de las vicuñas?), padrinos (¿para qué los necesito?), suegra (¿qué? ¿por qué?), luna de miel (¿de miel? ¿y si soy alérgica al polen?), bodas de plata (más vale que de plata, ¿sino para qué me estoy casando?) Pero lo amas, es tu media naranja y tu media pera y tu mejor mitad. Ya llevan un año viviendo juntos (o “conviviendo”, otra palabra peligrosa), lo más justo (quizá más para tu mamá y para la suya que para ustedes) es que se casen. Piensas que será una fiesta inolvidable. También piensas que va a ser genial decir que están casados, no que tienes un ma-tri-mo-nio.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Felices por siempre</strong>. Probablemente no sea por siempre sino por unos pocos años, hasta que se termine el buen sexo. En cualquier caso no extrañas al idiota que fingía ser tu amigo y te metió en todo ese embrollo. Más bien le agradeces porque ahora tienes a un chico lindo que te ama, te trae dulces cuando viene del trabajo, y algunas noches, cuando le provoca, te hace masajes en los pies.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2&#038;p=701</wfw:commentRss>
		<slash:comments>140</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Lágrimas que no se olvidan</title>
		<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=696</link>
		<comments>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=696#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 03 May 2012 06:46:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=696</guid>
		<description><![CDATA[Después de dos semanas estoy en casa. Después de nueve largas horas de vuelto al fin estamos en casa. Tengo ilusión de estar de nuevo en ese barrio, en esa piscina, en esa cama. Pero más ilusión me da ver a mi  hija. Ella nos recibe parada en la entrada de la casa, arriba de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/05/IMG_1608_blog.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-697" title="princesa tiki" src="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/05/IMG_1608_blog.jpg" alt="" width="424" height="283" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Después de dos semanas estoy en casa. Después de nueve largas horas de vuelto al fin estamos en casa. Tengo ilusión de estar de nuevo en ese barrio, en esa piscina, en esa cama. Pero más ilusión me da ver a mi  hija. Ella nos recibe parada en la entrada de la casa, arriba de las escaleras de la entrada, mirándonos contenta, comedida, toda una princesa.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos abrazamos, abrimos regalos, nos metemos a la piscina. Estar con ella es la felicidad pura y no exagero. Ella es la razón por la que estamos ahora aquí y nos miramos sonriendo, cómplices. Ella es magia y creo que lo sabe.</p>
<p style="text-align: justify;">Hacemos fotos en la piscina. Ella sonríe. Yo sonrío. Su padre sonríe. Luego ella sube con MamáMaría a bañarse y ponerse pijama. El y yo nos encerramos en el cuarto y hacemos el amor. Cuando terminamos abro la puerta y la veo jugando afuera. La hago pasar. Viene a buscarnos al cuarto y nos encerramos los tres a solas. Vemos videos,<span id="more-696"></span> hacemos juegos, bromas.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces ocurre algo que no debió ocurrir. Él sale de la ducha, yo camino detrás de ella, mirando que no se tropiece, que no se meta nada a la boca, cuando no se en qué momento, creo que cuando yo pretendo mostrarle cómo me pongo las medias, ella tropieza con la pata de un espejo grande y se cae de cara contra la bisagra de la puerta del baño. Fue un segundo. No lo vi venir ni lo pude detener.</p>
<p style="text-align: justify;">Ella se echó a llorar enseguida y corrí a levantarla del suelo, vino él y MamaMaría. Estaba bien, nada grave. Solo un enorme moretón en la frente. Mi princesa, cómo pude dejarte caer. No me lo perdono. En ese momento sentí que mi día se había arruinado y que había arruinado también el momento que habíamos tenido él y yo. Sentí que era una madre inepta. Que me iba dos semanas y que venía y ese mismo día la cagaba de una manera muy torpe.</p>
<p style="text-align: justify;">Ella es una valiente y se olvidó rápido y al momento siguiente estaba riendo con su papi, viendo Pocoyó, corriendo de nuevo por toda la casa. Pero yo no pude perdonármelo y esa noche  cuando ella se durmió y nosotros salimos a comer seguía repitiéndose en mi mente la película de ella cayendo y yo estirando los brazos en vano para sostenerla.</p>
<p style="text-align: justify;">Dos días después fuimos al pediatra. Las vacunas, los exámenes de rutina. Otra vez el llanto. Ese llanto desgarrador con el que no puedo lidiar. No porque me resulte irritante, todo lo contrario: porque no estoy acostumbrada a escucharla llorar. La princesa en esta casa no suele echarse a llorar con pena o impotencia y escuchar su llanto me desgarra por dentro, me hace morir un poco, me hace jurar que debería ser yo y no ella quien merece llorar así.</p>
<p style="text-align: justify;">La princesa es una niña muy delicada. No le gusta estar con extraños, menos que se le acerquen demasiado y la toquen, la midan, la examinen. Le jode y yo la entiendo. Y sin embargo no puedo hacer nada salvo abrazarla y cantarle una canción mientras veo como la hincan una y otra vez para ponerle las vacunas de rutina o hacerle análisis de sangre.</p>
<p style="text-align: justify;">Es una cuota de sufrimiento a la que los padres estamos condenados. Digo los padres, porque la mayoría de veces ellos, los hijos, tienden a superar el momento y olvidarlo y volver a su rutina de juegos. No cultivan rencor ni resentimiento y es increíble la rapidez con la que pueden pasar de llorar mal a sonreír de veras.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero como los adultos somos más complicados, más rencorosos, supongo que no olvidamos estas pequeñas escenas y nos torturamos una y otra vez pensando que debió ser de otra manera cuando probablemente (y por suerte) los hijos ya pasaron la página y siguen en lo suyo.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que este es el momento en el que uno siente que es padre. Cuando los sentimientos se desbordan y uno no puede hacer nada para controlarlos. Cuando uno se tortura una y otra vez por esa caída de tu hija que no pudiste evitar y ella duerme plácidamente, soñando con sus juguetes, sus dibujos animados, ese pequeño mundo que recién está conociendo.</p>
<p style="text-align: justify;">Supongo que por eso escribo todo esto. Porque soy rencorosa hasta conmigo misma. No me perdono las cosas y necesito escribir sobre eso que me afecta para poder dejarlo ir.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa siempre va a ser la razón por la que escribo. No tanto para contar los momentos felices, sino para contar los malos, los que me afectan y me duelen y no me dejan respirar. Para amistarme en silencio con esas personas que me hicieron daño, para ajustar cuentas con quienes creo que lo merecen, para dejar ir el odio sin ser vulgar. Esa será siempre la razón de mis novelas y es la razón de esta nueva novela que voy a publicar. Mi tercera novela. Está escrita, está lista. Saldrá pronto.</p>
<p style="text-align: justify;">Soy tonta, pero no despistada. No he olvidado a ciertas personas y he tenido que escribir sobre ellas porque su maldad me parecía literaria y a la vez risible y ha salido una novela que creo que me traerá problemas, pero no lo pude evitar.</p>
<p style="text-align: justify;">No sé si soy una buena escritora. No sé si soy una buena persona. Hay muchas dudas en mí. Lo único que tengo claro es que quiero es ser escritora, no amiga de mis enemigos.</p>
<p style="text-align: justify;">Y para hacer tortilla hay que romper huevos, creo que de eso se trata la literatura.</p>
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2&#038;p=696</wfw:commentRss>
		<slash:comments>134</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Barcelona, joder</title>
		<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=692</link>
		<comments>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=692#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 26 Apr 2012 00:56:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=692</guid>
		<description><![CDATA[Estoy en Barcelona. Fue un vuelo corto desde Madrid. No sé si fue el champagne o la calefacción del aeropuerto, pero estoy contenta de estar aquí. La gente es amable. Es mucho más amable que en Madrid y eso me sorprende. Ni bien llegamos corremos al cuarto y tratamos de conectarnos a Internet. Estamos desesperados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/IMG_1186_blog.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-693" title="bloggg" src="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/IMG_1186_blog.jpg" alt="" width="424" height="558" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Estoy en Barcelona. Fue un vuelo corto desde Madrid. No sé si fue el champagne o la calefacción del aeropuerto, pero estoy contenta de estar aquí. La gente es amable. Es mucho más amable que en Madrid y eso me sorprende.</p>
<p style="text-align: justify;">Ni bien llegamos corremos al cuarto y tratamos de conectarnos a Internet. Estamos desesperados por hablar con ella. Los aviones son siempre un recordatorio de que estás vivo o podrías morir pronto y eso nos hace refugiarnos en nuestra hija. Mirarla a través de la pantallita de la computadora, cantarle canciones hasta que los huéspedes vecinos nos piden silencio. Colgamos y nos quedamos tranquilos. Saber que está bien hace que nosotros también estemos bien.<span id="more-692"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Nos echamos en la cama y dormimos unas horas. Despertamos de madrugada. Salimos a caminar. Hace frío, vamos abrigados, abrazados. Caminamos por Paseo de Gracia. Miro todas esas tiendas de marcas finas donde sé que no compraré, porque siempre he sentido que comprar ropa demasiado cara no tiene ningún sentido. Al menos para mí.</p>
<p style="text-align: justify;">Caminamos embriagados por la ciudad y por el champán que tomamos en el avión. Nos reímos. No sabemos adónde vamos, pero ciertamente estamos buscando la aventura. Son casi las dos de la mañana y pasamos por un bar llamado Obama. El nombre nos parece pintoresco, entramos sin pensarlo. Adentro nos quedamos maravillados, porque era como estar en otro tiempo, con gente de todas partes del mundo, con una banda tocando en vivo, con camareras con piercings y camisetas manga cero, como si afuera no hiciera frío, como si todo lo que estuviera ocurriendo en ese momento fuese ajeno a la realidad. Nos sentamos en la barra y pedimos Cava. El resto fue magia.</p>
<p style="text-align: justify;">Al día siguiente él se fue a dar entrevistas y yo me fui a pasear por la ciudad. Caminé durante horas, perdiéndome entre callejuelas estrechas, entrando a pequeñas tiendas de ropa, escuchando música desde mi ipod. Me gustó sentir que estaba en un lugar en el que nadie miraba mi manera de vestir más que mi cara. Me gustó ver chicas como yo. En zapatillas, con los pantalones caídos y el pelo suelto. Me sorprendió la cantidad de parejas homosexuales que caminaban de la mano, como si no les diera pudor que todos sepan quiénes son y no quisieran ocultarlo. Me gustó sentir que su libertad era la mía y que, para bien o para mal, a nadie le importaba la vida de nadie.</p>
<p style="text-align: justify;">La noche siguiente volvimos al bar Obama y luego al bar de un hotel donde comimos unas aceitunas verdes deliciosas y papas fritas con miel. No entregamos al placer de comer lo que queríamos, olvidando la dieta a la que nos ceñimos en nuestra ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que uno de los mejores momentos del viaje fue ir a Sitges. Alquilar un auto y manejar cuarenta minutos por la carretera de Barcelona, con el GPS diciéndonos dónde doblar, comiendo chocolate y conversando entre nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegar a Sitges fue una experiencia inolvidable. Me gustó sentir que además de ser una playa era también un barrio con muchos cafés y tiendas. Calles en las que no se puede entrar en auto, gente linda conversando en cada esquina. Me gustó llegar con él y besarlo frente al mar y sentir que habíamos cumplido nuestra promesa de ir juntos algún día.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro buen momento fue pasear en auto por las casas más lujosas de la ciudad. Subir una especie de montaña en Pedralbes que me hizo pensar en Hollywood Hills. Una montaña con un camino zigzagueante con casas muy lindas. Me gustó llegar arriba y parar en un mirador precario al que llegamos solo porque el GPS se desprogramó y hacernos una foto con la ciudad abajo.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado que él me presente a sus amigos que viven acá, estar con él en Sant Jordi, sentir el cariño de la gente. Saludar con cariño y deslumbramiento a los españoles que lo leen desde su primera novela. Sentarme a su lado mientras él firmaba, tomarme una que otra foto. Me ha gustado que él me regale una flor y me haya dedicado esta última novela.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado enterarme de que ahora hay un vuelo directo a Barcelona desde Miami. Me ha gustado cada uno de los días que he pasado en esta ciudad. Caminando, leyendo, durmiendo, escribiendo a horas raras me he sentido una escritora y me he prometido no dejar de serlo nunca. Peco de optimista, lo sé. Pero tanto cariño de la gente, tantas caras nuevas, tanta inexplicable felicidad con mi chico me han hecho sentir que lo mejor está por venir.</p>
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2&#038;p=692</wfw:commentRss>
		<slash:comments>133</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Madrid, coño</title>
		<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=687</link>
		<comments>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=687#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Apr 2012 04:36:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=687</guid>
		<description><![CDATA[Estoy en Madrid. No sé qué hora es. El cambio de horario me afecta de una manera que no lo esperaba. He perdido la noción de las horas y los días y estoy feliz por eso. Porque además he conocido una ciudad que sabía que me gustaría. Estoy hospedada en un hotel en el mero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/IMG_1024_blog.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-688" title="blog" src="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/IMG_1024_blog.jpg" alt="" width="424" height="318" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Estoy en Madrid. No sé qué hora es. El cambio de horario me afecta de una manera que no lo esperaba. He perdido la noción de las horas y los días y estoy feliz por eso.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque además he conocido una ciudad que sabía que me gustaría. Estoy hospedada en un hotel en el mero centro de la ciudad. Todo está muy cerca. Hay farmacia, bodega, spa, restaurantes, bares, peluquería, cines, tiendas de ropa. Incluso hay una tienda donde solo venden libros religiosos. Me ha gustado eso.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado también el clima. A pesar de que es primavera hace un frío que hacía mucho no sentía pues en la ciudad  donde vivo casi siempre hace calor. Cuando el avión está por aterrizar nos avisan que hace seis grados centígrados.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado ir a comprar casacas para el frío. Usar guantes. Entrar a tiendas, cruzarme con gente distinta.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado sentir que para mi sorpresa la gente me mira. Que la gente que camina por la calle detiene sus ojos en mi cara de deslumbramiento, como si mi rostro les recordara la primera vez que pisaron este lugar, como si ahora estuviera embrujada por el hechizo que habita en esta ciudad.<span id="more-687"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado que me llamen “princesa”. Tengo un dolor en la rodilla que no me puedo explicar, pero no me detiene y me convierte en una “princesa” que cojea.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado volver a estar en una ciudad en la que la gente habla mi idioma. En la que no tengo que pronunciar ese idioma que se habla donde vivo y que sé solo a medias.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado tomar manzanilla en la barra de un restaurante en el que el mozo es peruano y se come delicioso. Mirar cómo a mi lado una pareja toma sangría y conversa riendo, acercándose cada vez más.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado venir con mi chico. Acompañarlo a la presentación de su novela. Ver de cerca la vida del escritor que publica en España con una editorial importante.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado tomar champán con él en el vuelo y hablar durante horas, como si fuéramos dos desconocidos, como si habláramos por primera vez, como si no nos conociéramos y hubiera mucho que contar.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado caminar por calles que me recuerdan al centro de mi ciudad. Sentir que esto me enseña mucho más que tantas horas de historia del colegio. Ver de cerca la similitud de la arquitectura de estas callejuelas pintorescas y la ciudad en que nací. Recordar que fueron los españoles quienes construyeron mucho de lo que todavía queda en el Centro de Lima. Sentir que el Centro de esta ciudad se parece al Centro de mi ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado caminar por el Parque del Retiro, hacerme fotos, mirar a la gente patinando, curiosear esos pequeños kioscos donde venden ropa hippie, mirar a la gente que toca algún instrumento en la calle con placer.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado comer dulces que no había probado. Chupetes con chicle, bolas de chicle cubiertas de caramelo. Olvidar las calorías y olvidar la rutina y comer solo cuando me da hambre.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado recorrer en taxi la Gran Vía y la Castellana. Parar en el Ritz y el Palace solo para mirarlos. Sentir la amabilidad de los taxistas. Admirar lo bien cuidados que están los autos por dentro. Lo bien que huelen. Me ha gustado encontrarme con taxistas toscos, cuyos autos no huelen tan bien. Sentir que como viene lo bueno viene lo malo. El azar está en ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado estar en este hotel. Bajar a tomar desayuno y encontrarme con decenas de canadienses, todos mayores y hablando francés. Me ha gustado que una señora me hable en su idioma creyendo que también era el mío.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado que me den masajes en las manos mientras a él se los hacen en la espalda. Sentarme a mirar a la gente que sale del jacuzzi y pasa en ropa de baño frente a mí.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado ver todos los días por Skype a la verdadera princesa, es decir a Tiki. La extraño a morir, pero creo que traerla le hubiera afectado mucho. El vuelo, el frío, el cambio de horario. No podría hacerle eso. Me quedo tranquila pensando que está con mis padres y con las chicas que la cuidan siempre. La princesa se queda en su castillo y cuando me ve por la camarita parece contenta, parece entender que no estoy físicamente, pero estoy pendiente de ella y creo que sonríe cuando le canto canciones y le prometo que llegaré con muchos regalos. A su padre y a mí se nos llenan los ojos de lágrimas de solo pensar en ella y extrañarla tanto. Todo viaje sin ella es incompleto y creo que ella lo sabe.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado el vagabundo sin dientes que estrechó mi mano largo rato y me pidió dinero a cambio de plegarias de buena suerte. Me ha gustado el taxista homofóbico que nos llevó al barrio gay de Chueca. Me ha gustado la chica linda que fumaba un porrito en la puerta del aeropuerto de Madrid. Me ha gustado ver a mi chico dando tantas entrevistas. Sentir que es importante, sentime una fan.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado hacerle el amor a mi chico en este hotel y pensar que caería al abismo si terminábamos al mismo tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ha gustado sentir que, a pesar de quienes me lo dijeron mientras caminaba por una calle oscura, no soy una princesa. Me ha gustado sentir que puedo sonreír después de ocho horas de vuelo. Que aunque lo parezca no soy una niña engreída, o al menos intento no serlo. Porque al final del día (o de la noche, mi cuerpo está confundido y duermo a horas extrañas) solo puedo sentirme agradecida por esto. Pensar que soy una chica con suerte. Solo puedo morder mis labios enrojecidos y resecos por el frío, reírme a solas cuando nadie me ve y decir gracias por todo esto.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2&#038;p=687</wfw:commentRss>
		<slash:comments>164</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La mujer del bar</title>
		<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=681</link>
		<comments>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=681#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 12 Apr 2012 06:05:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=681</guid>
		<description><![CDATA[En el bar hay una mujer que me recuerda a ella. Nunca voy a terminar de entender qué fue lo que pasó. Lo que nos pasó. En realidad creo que a ella no le pasaba nada conmigo. Era a mí a quien le pasaban cosas con ella. Ha sido la única mujer que me ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/mmm.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-682" title="foto blog" src="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/mmm.jpg" alt="" width="424" height="282" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">En el bar hay una mujer que me recuerda a ella. Nunca voy a terminar de entender qué fue lo que pasó. Lo que nos pasó.</p>
<p style="text-align: justify;">En realidad creo que a ella no le pasaba nada conmigo. Era a mí a quien le pasaban cosas con ella. Ha sido la única mujer que me ha turbado y quizás sea la última. Todo lo que sé de ella ahora es que sigue siendo profesora. Y que alguna vez fue mi profesora de alemán.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa mujer que juega con sus hijos en la mesa de al lado me recuerda jodidamente a ella. Su hijo mejor juega con su pelo y ella come impávida, sin inmutarse mayormente. De pronto vuelvo en el tiempo y veo esa actitud en su rostro mientras caminaba por los pasillos del colegio.</p>
<p style="text-align: justify;">La mujer tiene el pelo rubio y está de espaldas. Lleva sobre los hombros un chal negro que le deja los brazos descubiertos, el reloj de brillantes, la fineza de sus dedos, la<span id="more-681"></span> delicadeza con la que agarra los cubiertos. El pelo semilargo y algo esponjoso. El perfil recto, espigado, prolijo, la mirada altiva.</p>
<p style="text-align: justify;">Vine a este bar a escribir, pero esa mujer me distrae y me remite a los inviernos en el colegio. A la llovizna limeña, a sus abrigos oscuros, a mis brazos descubiertos, a mis vellos erizados, a mis ganas de impresionarla, a mi absurda persistencia de meterme en su vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Tenía catorce años, pero ya me imaginaba su cuerpo en la ducha o en los brazos de un hombre. Me gustaba pensar en eso antes de dormir. Me hacía una película y me dormía. Al día siguiente era una vergüenza mirarla, como si mis ojos delataran lo que había pensado la noche anterior. Aunque veces me lo negaba, creo que en el fondo lo tenía claro. Me excusaba conmigo misma diciéndome que lo que sentía era una especie de “amor maternal” por ella. Me olvidaba que a las madres uno no suele mirarlas tanto. Pero me daba vergüenza admitirlo.</p>
<p style="text-align: justify;">La sonrisa incontrolable. Las comisuras de mis labios temblando. Las mejillas rosadas. Las manos húmedas. El corazón a mil. Que alguien me diga qué coño era eso.</p>
<p style="text-align: justify;">La ilusión al levantarme. La pena inexplicable cuando acababa el año. Los celos enfermizos. La mirada espía. La dependencia incontrolable.  El amor no correspondido. Ella mirándome con una sonrisa y diciéndome: “Estás obsesionada”. Como si ya estuviera acostumbrada, como si fuera tan fácil curarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo eso me viene a la mente y trato de fingir que estoy bajo control, que mis dedos no se mueven de prisa y que no estoy escribiendo sobre algún amor prohibido.</p>
<p style="text-align: justify;">Me pregunto cómo hubiera cambiado mi vida si esa mujer me hubiera tan solo mirado como yo la miraba a ella. Tal vez no estaría casada. Tal vez no hubieran llegado tantos amores fugaces, incomprendidos. Tal vez no estaría en este bar y tal vez ni siquiera estaría con ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero cuando pienso en la princesa Tiki creo entender por qué esa mujer me era esquiva. De pronto siento que tantas noches de insomnio terminaron valiendo la pena. Tantas cartas, tantas escenas, tantas llamadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestra amistad era prohibida porque se supone que un profesor no puede ser amigo de un alumno. No pueden verse en horas que no correspondan a las clases, no pueden verse fuera del colegio, no pueden entablar una relación de cariño y mucho menos visitarse en sus casas. Pero supongo que ella y yo rompimos todas esas reglas, porque nos veíamos en los recreos, íbamos juntas al club, ella dejaba que yo la quisiera, vino a mi casa y yo fui a la suya.</p>
<p style="text-align: justify;">En algún momento fuimos amigas. Todos en el colegio lo sabían. Les parecía raro, un poco zafado. Me miraban raro, pero yo hacía como si no me diera cuenta y aunque encajaba en el grupo de los “cool”, a ratos me refugiaba a solas en algún jardín alejado del colegio. Tocaba el timbre y yo estaba en la puerta de su salón, le hablaba de algo, no recuerdo de qué, pero siempre tenía algo que decirle.</p>
<p style="text-align: justify;">Estoy en el bar de un hotel. La gente me conoce. Me saluda con cariño. Señal de que avanzamos. O de que llevo viviendo un tiempo acá y la gente se ha acostumbrado a verme, escribiendo en la misma mesa, en el restaurante de mismo hotel. Me miran escribiendo ensimismada en mi laptop, saben que no deben interrumpirme muchas veces, ya saben que estoy un poco loca.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero ella nunca me quiso. Me di cuenta cuando fui a su casa y me recibió en pantuflas. Me di cuenta cuando le regalé una flor y la escondió. Me di cuenta cuando le di un beso en la mejilla y se rió. Me di cuenta cuando le di una carta de tres páginas y me dijo que la perdió. Me di cuenta cuando un día se cansó de mí y empecé a sentir que me veía por compromiso, para no romperme el corazón.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces me alejé. Me acuerdo cuando cumplí dieciocho y salí de las clases de la universidad y escuché su mensaje diciendo en su español con acento austriaco que sabía que no había querido contestarle, pero que me deseaba un feliz cumpleaños. Recuerdo que me dijo: “A partir de ahora serás responsable de tus actos”. Recuerdo que me lo dijo en un tono amigable. Sentí su cariño. Con una ironía que yo solo entendí. Explicarlo sería inútil. No voy a negar que se me encogió el corazón. Hice un esfuerzo por no llamarla de vuelta y regresar a clases.</p>
<p style="text-align: justify;">La mujer de la mesa cercana voltea. Me mira. Miro bien su rostro. Siento que ya no se parece tanto. Siento como si hubiera despertado de un sueño. Pido la cuenta y me voy.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2&#038;p=681</wfw:commentRss>
		<slash:comments>149</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Lo que recuerdo del amor</title>
		<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=675</link>
		<comments>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=675#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 05 Apr 2012 06:07:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=675</guid>
		<description><![CDATA[  El chico de pelo rizado. Las clases en la universidad. Las vacaciones. El beso de discoteca. La fiesta de año nuevo. El celular perdido. El cuerpo perfecto. La playa de madrugada. La canción de Miranda! La mirada sincera. Las tardes en Mc Donalds. La libertad. El cineasta. Mi mano en su pecho. El corazón [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> <a href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/cute.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-676" title="cute" src="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/cute.jpg" alt="" width="424" height="424" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">El chico de pelo rizado. Las clases en la universidad. Las vacaciones. El beso de discoteca. La fiesta de año nuevo. El celular perdido. El cuerpo perfecto. La playa de madrugada. La canción de Miranda! La mirada sincera. Las tardes en Mc Donalds. La libertad.</p>
<p style="text-align: justify;">El cineasta. Mi mano en su pecho. El corazón a mil. Las uñas mordidas. El amor que se hace amistad. Las películas los martes. La llovizna limeña. Las zapatillas azules. La rebeldía. El llanto contenido. El escondite en el cuarto. La comprensión impensada. Las risas ahogadas.</p>
<p style="text-align: justify;">El tablista. El deseo improbable. La huida de la fiesta. El porrito culpable. El beso a oscuras. Los adultos durmiendo. La mano mágica. Los labios secos. El deseo. La travesura inconfesable. Las camisas a cuadros. La urgencia del solitario. Las miradas<span id="more-675"></span> cómplices. La amistad silenciosa.</p>
<p style="text-align: justify;">El niño sin nombre. El pelo rubio. La cara inocente. La mirada pícara. El aliento a cerveza. El beso en el auto. El deseo precoz. El placer del control. La voz impostada. Los boxers con dibujos. La llamada de la madre. La mentira blanca. Las luces de los autos. El final culposo. El adiós infinito.</p>
<p style="text-align: justify;">El viajero constante. El vino y la música. El acento español. Los viajes que no hicimos. La afinidad musical. Los bailes sensuales. Los besos furtivos. Su espíritu servicial. El placer inesperado. La escapada en navidad. La entrega incompleta. Su risa en mi cabeza. La música imprudente. El cariño que no cesa.</p>
<p style="text-align: justify;">El chico impoluto. Las clases. Los cuentos. El pisco sour. Los almuerzos interminables. La amistad imaginable. El Chavo en el sofá. Las histerias controladas. Las palabras de aliento. Las incontables conquistas. El viaje a Cusco. La cima del Waynapicchu. Las infinitas fotos. Las canciones en el desayuno. Los mojitos a tres por uno. La transacción peligrosa. Los novios en la playa. El brindis con cerveza caliente.</p>
<p style="text-align: justify;">El australiano. La ropa de baño de flores. Las manos grandes. La sopa de tofu. Los boxers azules. El atleta sin nombre. Los hoteles de noche. El chofer malpensado. Los tragos con sombrilla. La elegancia ajena. La cuenta que no pagué. El clavo que no me saqué.</p>
<p style="text-align: justify;">El chico alto. El mejor amigo del colegio. Las cartas. Las cervezas. El malecón por la tarde. Las risas y los juegos. Los conciertos. Las siestas. Las fotos en la billetera. El ataque de risa por la radio. Los boxers de puntitos. Los regalos inesperados. La firma del DNI. El gimnasio inconstante. Los cornflakes con yogurt. El monopolio en la cama grande. El columpio humano. El amor desinteresado.</p>
<p style="text-align: justify;">El escritor aguerrido. Los besos tranquilos. La duda constante. La amistad improbable. El deseo inevitable. Los apagones. Las linternas. Los paseos. Los vecinos curiosos. Los plátanos fritos. El ping pong de madrugada. La mirada triste que ya no está. El sombrero y la bufanda. La pasta de guayaba. La promesa del hijo. La agridulce espera.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2&#038;p=675</wfw:commentRss>
		<slash:comments>116</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El experimento exitoso</title>
		<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=670</link>
		<comments>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=670#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Mar 2012 06:19:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=670</guid>
		<description><![CDATA[Tengo un trauma con las fiestas infantiles. Cuando era niña odiaba la idea de participar en un evento tan multitudinario. Tal vez eran solo veinte personas, pero a mis ojos, desde mi estatura de niña de siete años, parecía un mar de gente, especialmente de niños que saltaban, gritaban y comían al ritmo de una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/03/IMG_1528_blog.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-671" title="IMG_1528_blog" src="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/03/IMG_1528_blog.jpg" alt="" width="424" height="283" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Tengo un trauma con las fiestas infantiles. Cuando era niña odiaba la idea de participar en un evento tan multitudinario. Tal vez eran solo veinte personas, pero a mis ojos, desde mi estatura de niña de siete años, parecía un mar de gente, especialmente de niños que saltaban, gritaban y comían al ritmo de una música que muchas veces no entendía.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegar en vestido a una fiesta me parecía algo abominable, incomprensible. Nunca entendí cómo se suponía que debía divertirme si tenía que bajar enormes resbaladeras inflables y al mismo tiempo cuidar de que no se me viera el calzón en plena bajada, o trepar castillos de plástico sin engancharme con el borde del vestido, cómo no descoser los bordes de mi vestido con la punta del zapato. Nunca lo entendí. Por eso me<span id="more-670"></span> enredaba en pleitos con mi madre antes de cada fiesta. Porque no me parecía correcto (ni pudoroso) usar vestido para las fiestas infantiles. Es curioso cómo las personas esperan que las mujeres seamos pudorosas desde niñas, pero al mismo tiempo se nos da licencia para columpiarnos, saltar en camas elásticas, lanzarnos de trampolines, con una ropa que lejos de educarnos en el pudor, nos demuestra que la sociedad está preparada para verle el calzón cada vez a más mujeres sin que nadie se ruborice.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo segundo que me molestaba de las fiestas infantiles, además del gentío intimidante y la indumentaria femenina poco recatada, eran las piñatas. Reconocía con alarma el momento previo a la piñata. Lo detestaba. Odiaba envolverme en una pelea de empujones y codazos para coger cinco caramelos (cuyos sabores no siempre eran mis preferidos) y cinco soldaditos de plástico (que por supuesto terminaba dejando disimuladamente en la esquina de una de las mesas de comida). Nunca me ha gustado competir y ese era un momento de alta tensión en el que no prevalecía el más hábil sino el más fuerte. Y siendo los hombres por naturaleza más fuertes (físicamente, solo físicamente claro está), me parecía que esa era una competencia desleal, y que deberían empezar a considerar la idea de poner dos piñatas en las fiestas. Una para las niñas (sin soldaditos de plástico, gracias) y otra para los niños (con muchos soldaditos y sin dulces, si no es molestia). Así que en el momento de la pugna por los dulces que caían (después de 1782 golpes) yo prefería quedarme a un lado, o agacharme al borde del nudo de niños, fingiendo que recogía, que peleaba, que me importaba. Aunque por supuesto nunca faltaba una mamá metiche (si eso no es una redundancia) que me decía: “¡Entra! ¡Participa!”.</p>
<p style="text-align: justify;">El “Happy Birthday”, o el momento de partir la torta, calificaba para mí como un tercer momento de estrés. No solo porque nunca me han gustado las tortas hechas a base de crema blanca, sino porque me daba una pena enorme mutilar la cara de la Blanca Nieves en dos y dejar que el chocolate le quitara la poca blancura que le había quedado después de tantos niños que habían pasado su dedo por la torta. Cantar me daba pánico. Por alguna razón me daba vergüenza aplaudir en la parte más intensa de la canción, decir en diminutivo el nombre del niño o la niña que cumplía años. Siempre me ha costado mucho hacer cosas en las que no creo. Ese era otro momento que me superaba, y ni hablar si se trataba de mí. Me ponía roja, no cantaba ni aplaudía y soplaba sin pedir deseo (porque estaba ya histérica para ese momento).</p>
<p style="text-align: justify;">Además nunca comía torta porque para entonces ya estaba empachada de la cantidad obscena de alfajores y sanguchitos que había tragado. Como me daba pánico jugar con niños que no eran mis amigos, que no conocía y que no quería conocer, terminaba comiendo cuanto bocadito se cruzaba por mi camino. Siempre me ha costado hacer amigos y los cumpleaños masivos lejos de emocionarme, me aterraban, porque sabía que tendría que pelear por el vestido, que me encontraría con niños toscos, con niñas “molestosas” y con animadoras con vocación de prostitutas cuyos alaridos eran reproducidos en parlantes gigantes.</p>
<p style="text-align: justify;">Digamos que mi idea de un cumpleaños feliz es ir con tres o cuatro amigas a pasear, a comer, a bailar. He llegado a no hacer nada, a pasarla a solas. Acepto todo menos esas fiestas en las que prevalecen los gritos de niños (de niños que no necesariamente son tus amigos, porque no fuiste tú quien los invitó sino tu mamá, porque son hijos de la mejor amiga de su hermana).</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso, para el primer cumpleaños de mi hija decidí hacerle una fiesta pequeña, con la gente que ve todos los días, es decir, sus padres y las nanas. Creo que fue divertido. Comimos dulces, nos tomamos fotos, bailamos, nos bañamos en la piscina, abrimos regalos. Había globos de Dora la Exploradora, el dibujo preferido de Zoe. No quise invitar a bebés de su edad, porque no tiene amigos aún. Quizá el próximo año, como ya va a ir al nido, considere invitar a una o dos amigas o amigos.</p>
<p style="text-align: justify;">Quiero educar a mi hija en que esté siempre con la gente que quiere estar. Que haga, al menos el día de su cumpleaños, lo que realmente le provoque. Si cuando crece decide que le gustan las fiestas infantiles masivas, ponerse vestido y comer torta de crema, estaré feliz de cumplir sus deseos. A estas alturas tengo claro que los hijos son criaturas independientes de los padres y no tienen que parecerse a ellos. Creo que lo mejor es no tener expectativas y dejar que las cosas fluyan.</p>
<p style="text-align: justify;">Antes de ayer fue el primer cumpleaños de mi hija y estoy orgullosa de ella. De cada uno de sus pasos, de su mirada adulta y su fortaleza. Esa mirada desconfiada con la que mira las cosas. Como si hubiera aprendido sobre la miseria humana desde en mi barriga. Ella es especial. Es el experimento exitoso, la mezcla perfecta. Es la prueba de que él y yo debimos conocernos y que el destino a veces depara cosas buenas.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2&#038;p=670</wfw:commentRss>
		<slash:comments>185</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Quiero ser como tú</title>
		<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=658</link>
		<comments>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=658#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 22 Mar 2012 05:17:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=658</guid>
		<description><![CDATA[Es tu primer día de clases. Te matriculaste en aeróbicos, porque estás harta de tu cuerpo fofo. El día anterior, mirándote al espejo de espaldas, decidiste que vas a tener el cuerpo de Megan Fox. Lo decidiste. Así, sin más ni más. Te agarró un arrebato de optimismo (y ceguera) y te convenciste de que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/03/megan.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-667" title="megan" src="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/03/megan.jpg" alt="" width="424" height="565" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Es tu primer día de clases. Te matriculaste en aeróbicos, porque estás harta de tu cuerpo fofo. El día anterior, mirándote al espejo de espaldas, decidiste que vas a tener el cuerpo de Megan Fox. Lo decidiste. Así, sin más ni más. Te agarró un arrebato de optimismo (y ceguera) y te convenciste de que si consigues ser constante y dejas de comer tantos dulces eso no puede ser tan difícil.</p>
<p style="text-align: justify;">Te vistes (disfrazas) de deportista. Metes la mano al fondo de tu cajón y sacas aquellas prendas que compraste para hacer deporte (que todavía tienen etiqueta). Te pones la mayita, el polito pegadito, enseñando un poco la barriga, las zapatillas deportivas, las<span id="more-658"></span> medias blancas, la muñequera blanca en la mano, te recoges el pelo en una cola alta. Te miras al espejo y ya verte con esa ropa te hace sentir una mamacita. Crees que ese rollito que se asoma entre el polo y el pantalón se ve regio, que tus nalgas todavía (a pesar de que nunca haces deporte) están duritas. Estás optimista y ansiosa por tu primera clase de aeróbicos.</p>
<p style="text-align: justify;">Sales feliz a la calle. Crees que todos te miran (no te mira nadie, acéptalo), manejas a las clases. Saludas al profesor como si fueras una estrella de rock. Te pones en primera fila y miras a las demás Megan Fox’s wannabes. Todas en sus pantalones ajustados, mirándose entre sí como si no estuvieran contentan de estar ahí, pero con resignación, como si hubieran aprendido a encontrar placer en el deporte. Las miras y les dices con la mirada “Ustedes no saben nada, si yo hubiera empezado las clases con ustedes ya tendría un cuerpazo, solo esperen a ver lo que seré en las siguientes clases”.</p>
<p style="text-align: justify;">Te miras en el espejo del salón y encuentras que tus piernas no se ven tan geniales como se veían en el espejo de tu cuarto. Les falta bronceado, se ven fofas, cero músculo. No brillan como brillaban hace un rato. Levantas la mirada a las luces del salón y concluyes que debe ser la luz lo que las hace ver así. Concluyes que en los gimnasios siempre ponen la luz inadecuada, para que uno se encuentre siempre defectos en el cuerpo y no deje de asistir a clases.</p>
<p style="text-align: justify;">Empieza la clase. Te mueves de un lado a otro, imitando los movimientos del profesor. Por un instante tienes la sensación de que tú y las demás alumnas son chimpancés cachorros imitando al jefe de la manada. Te ríes sola. Sigues moviéndote. De pronto, comienzas a agitarte. Miras a los lados y las demás siguen el ritmo y no parecen cansadas. “Qué onda”, piensas, “serán robots”.</p>
<p style="text-align: justify;">Y cuando menos te das cuenta estás echada sobre una colchoneta levantando una pierna, sudando la vida entera, rezando para que la clase se acabe, sufriendo como si eso no fuera un deporte sino una tortura. Te preguntas por qué coño hay que sufrir tanto para tener un buen cuerpo. Por qué rayos a Dios no se le ocurrió darnos a todas las mujeres el mismo cuerpo espectacular y tuvo que hacer diferencias espeluznantes al permitir que llegaran a este mundo mujeres como Sofía Vergara o Sara Carbonero.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora estás sentada en el aire. En posición de hacer pila en la calle. Al instructor le parece que es una buena manera de endurecer los glúteos. Pero a ti no te parece buena idea tener que mirar tan de cerca el culo de la compañera de enfrente. Solo quieres morir. Llegar a tu casa, comer un litro de helado, meterte a la cama y llorar a escondidas.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces, en medio de la agitación, ahora otra vez en la colchoneta, esta vez haciendo abdominales, tienes la desesperada idea de operarte. Sí, decides que te vas a poner tetas, y te vas a hacer lifting en el culo (si eso es posible, solo cuestión de preguntar), te vas a hacer depilación con láser y no vas a salir de tu casa hasta sentirte bien contigo misma.</p>
<p style="text-align: justify;">Miras al costado y ves a una chica sufriendo como tú. Le das una mirada solidaria. Sonríe sin ganas. Confirmas que no estás sola en el mundo. Que además del profesor, en el salón hay dos locas desesperadas que quieren que la clase termine cuanto antes.</p>
<p style="text-align: justify;">Piensas cuánto faltará para que acabe la clase y piensas: “Al diablo con el cuerpo de Megan, voy a quedarme así como soy”. Piensas que quizás sería bueno invertir en libros la plata que gastas en ropa. Si no puedes ser bonita, al menos intentarás ser una persona inteligente, que lo parezca al menos, o que tenga un tema de conversación. Te acostumbrarás a tu cuerpo sin curvas y lo aprenderás a querer igual. De pronto la estrella de rock que eras al entrar a clases se convierte en una fan tímida que no se atreve a pedir un autógrafo.</p>
<p style="text-align: justify;">Te resignas. Dices: “Este es el cuerpo que me ha tocado, lo aprenderé a querer así” y luego recuerdas algún libro de autoayuda que tu mamá alguna vez te regaló.</p>
<p style="text-align: justify;">“Adiós Megan. Adiós Sofía. Adiós Sara”, piensas. “Sean lindas mientras puedan”. Los hombres jamás preferirán mirar tu culo que el de ellas. Es un hecho. Lo debes aceptar.</p>
<p style="text-align: justify;">Regresas a tu casa con la certeza de que no importa cuánto deporte hagas, no importa cuán apetitoso sea tu mejor atributo, no importa cuán bien creas que te vestiste, siempre hay una chica más linda que tú. Y el chico que te gusta siempre va a voltear a mirarla. Aunque te ame.</p>
<p style="text-align: justify;">Sales de la ducha, te metes a la cama, entras a Twitter, escribes alguna pendejada que crees que es divertida y sientes que algo baja en tu vientre. Vas al baño. Te vino la regla. Entonces algo en ti se ilumina. Se va la nube negra que estaba encima de ti hace segundos. Atribuyes el mal rato en el gimnasio a una depresión premenstrual. “Tal vez por eso estaba tan hinchada”, piensas. Vuelves a la cama pensando: “Quizá vuelva a clases, tal vez no es imposible tener el cuerpo de Megan Fox”.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2&#038;p=658</wfw:commentRss>
		<slash:comments>213</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Esos absurdos momentos de nerviosismo</title>
		<link>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=652</link>
		<comments>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=652#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 15 Mar 2012 07:42:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?p=652</guid>
		<description><![CDATA[Estás en una fiesta. Es de las primeras fiestas a las que vas. Por supuesto, llevas puesta la ropa que tu mamá eligió para ti. Te da vergüenza empezar a bailar. No sabes si esperar a que alguien te saque o bailar con tus amigas. Finalmente te decides a bailar pero no puedes evitar sentir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/03/hist_-1-.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-653" title="hist_ 1" src="http://www.silvianunezdelarco.com/blog/wp-content/uploads/2012/03/hist_-1-.jpg" alt="" width="424" height="421" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Estás en una fiesta. Es de las <strong>primeras fiestas</strong> a las que vas. Por supuesto, llevas puesta la ropa que tu mamá eligió para ti. Te da vergüenza empezar a bailar. No sabes si esperar a que alguien te saque o bailar con tus amigas. Finalmente te decides a bailar pero no puedes evitar sentir que todos te miran y juzgan tus pasos de baile. Levante la mano al que no le haya pasado.<span id="more-652"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Vas a comprar algo en una <strong>máquina de dulces</strong>. Estás parada frente al aparato (que es mucho más grande que tú) y te fijas en las galletas que quieres y te dices muchas veces en silencio “F- 5” y aprietas los botones con más fuerza de lo normal. Todo por no equivocarte. Pero te olvidas que lo peor que te puede pasar es que te den otras galletas. No te van a cortar un dedo si aprietas el número equivocado. Pero por alguna extraña razón tiemblas igual.</p>
<p style="text-align: justify;">Ves a <strong>la persona que te gusta</strong>. No te ha visto aún, pero tú tiemblas como si estuvieras a punto de proponerle matrimonio. Solo verlo de lejos te pone a temblar, como si el hecho de que esté en tu campo visual levantara sobre tu cabeza un letrero fosforescente con todo lo que sientes por él en letras amarillas. Entiendo los nervios si te habla. Pero si solo lo viste de lejos, ¿Por qué tiemblas? Yo tampoco tengo la respuesta.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Te llama</strong>. Suena el celular. Estás dormida, saliendo de la ducha, o echada en tu cama comiéndote las uñas con la tele prendida (disfemismo para “viendo televisión”), cuando miras su nombre en la pantalla de tu celular. Tiemblas. El corazón te late a mil. No esperas a los tres timbrazos de rigor. Contestas de una. Yo me pregunto, ¿Hay algo más absurdo que eso? Sí. Cuando dice que va a llamar y no llama y uno se pasa de infarto en infarto con cada falsa alarma. No hay sensación más terrible que correr al teléfono con el corazón a mil y la certeza de que es él, pero no, es tu mamá sorprendentemente contenta: ¡Ya estoy yendo para la casa!</p>
<p style="text-align: justify;">Vas a <strong>conocer a su madre</strong>. Probablemente todavía (ni siquiera) son novios. Pero tú tiemblas como si ella te fuera a dar de comer el resto de tu vida. Como si de ella dependiera lo que siente su hijo por ti. Te pones en modo suave. Hablas con la voz aflautada y tratas de parecer una lady. Finges comer menos, tomar poco, no bailar pegado. Ya, por Dios, olvídate de la tía y sé tú misma.</p>
<p style="text-align: justify;">Estás haciendo algún <strong>trámite</strong>. Dicen tu nombre en voz alta. Es tu turno. Te paras y todos te miran y no puedes evitar sonrojarte. Por un instante dudas sobre tu nombre. Te acercas a la mesa a la que te llamaron como si fueras a dar un examen. Cuando lo que realmente te van a preguntar es la dirección de tu casa, tu número de teléfono y si tienes algún recibo reciente de agua o luz.</p>
<p style="text-align: justify;">Vas a comer a un <strong>lugar lujoso</strong>. Todo está tan limpio y brillante que sientes que tu presencia ensucia. Te pones nerviosa, no lo puedes evitar. Te sientes Jack en el Titanic. Analizas cada cosa que dices y miras de reojo al que está a tu costado, para ver si estás usando el tenedor adecuado.</p>
<p style="text-align: justify;">Te inauguras en <strong>Twitter</strong>. Tienes miedo de tener pocos seguidores. De escribir alguna burrada y que luego salga en todos los periódicos de tu país. No eres tan interesante ni mucho menos divertida. Tienes miedo  de que eso quede en evidencia. Decides hacerlo igual. A ver qué pasa.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.silvianunezdelarco.com/blog/?feed=rss2&#038;p=652</wfw:commentRss>
		<slash:comments>132</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

