Cosas que me dicen a menudo

A menudo me dicen que parezco menor. Me dicen que no parezco de veintisiete sino de veinte. No sé si me gusta parecer de veinte. Preferiría aparentar la edad que tengo. Si pido una copa de vino en un restaurant es muy probable que me pidan una identificación para comprobar que soy mayor de edad. Me cuesta trabajo identificarme con otras mujeres. La mayoría de mujeres que conozco son todas más altas, más maquilladas, más elegantes en algún modo. Y desde que me corté el cerquillo parezco aún menor, entonces ya no me queda otra que pensar en mí como una mujer que quedó atrapada en una eterna adolescencia.

También me dicen que me veo más delgada en persona que en la televisión. Salgo todos los viernes en el programa de mi esposo y mucha de la gente que va al estudio al saludarnos me hace el mismo comentario: eres mucho más delgada en persona. Es cierto que la televisión engorda, pero no sabía que tanto así como para que la gente me lo diga tan a menudo, como si lo que vieran en la tele fuera la chica púber que come toda su comida y no deja nada en el plato. “No se te ve gorda, se te ve más llenita”, me dijo alguien cuando pregunté.

Otro comentario que recibo a menudo es el siguiente: “Tu hija parece tu hermana menor”. Bueno, resulta que no lo es, es mi hija y la tuve a los veintidós, no soy madre adolescente, gracias por la preocupación. Este comentario me lo ha hecho el pediatra de mi hija, alguna vez que vino a casa para verla por una fiebre alta. “Es como tu hermana menor”, me dice en inglés y yo sonrío pensando esa broma ya me la hiciste antes.

Otro comentario que recibo a menudo es el de: “Te debes reír mucho en casa con tu esposo”. Me lo dicen en la calle, la gente que sigue a mi esposo a través de sus entrevistas en televisión o sus libros. Por alguna razón tienen esta idea de que él es exactamente la misma persona de la televisión en casa. Lo que no entienden es que cuando uno hace televisión o escribe una novela, no es exactamente la versión más verdadera de uno mismo. Cuando uno sale en la tele o escribe, exagera de alguna manera. Con esto no digo que mi esposo es una persona en la televisión y luego otra persona completamente distinta en casa, digo que en televisión uno suele estar en un tono más positivo y festivo. En casa uno es más humano, menos reilón, más real. Recuerdo perfectamente esta tarde en un hotel de Madrid en la que una señora súper fan de él me dijo: “te debes reír muchísimo en casa viviendo con él”. Si, claro.

Otra cosa que me dicen mucho, y esto sí me molesta un poco, es cuando hablan de mis novelas como si fueran mi vida misma. Hace poco recibí un correo de una periodista chilena diciendo que había leído la última novela de mi esposo y que quería entrevistarme para hablar conmigo de mi vida de pareja con él y de mi libro “El hombre que tardó en amar”. Es muy probable que la periodista esté asumiendo que el hombre que tardó en amar es él, mi esposo. De hecho, cuando fui a Lima a promocionar esa novela en el 2013 se me dijo con mucha insistencia que era una novela inspirada en mi historia de amor con mi esposo. En realidad esa fue una novela que escribí cuando la prestigiosa editorial Penguin Group me hizo una muy buena oferta para escribir una novela erótica. Hice mi mejor esfuerzo y por supuesto no estuve a la altura, pero quedó esta novela y mucha gente cree que el hombre que tardó en amar, pero no en tener sexo de todas las maneras posibles, era y es mi esposo. Gracias por el halago, pero nuestra vida sexual es bastante más tranquila.

Por último, algo que me dicen con bastante frecuencia es: ¿Por qué no tienen otro hijo? ¿Para cuando el hombrecito? La verdad, es una bonita película. Imaginarlo es hermoso, pero en la práctica siento que ya no lo sería tanto. Siento que se rompería la perfecta armonía que tenemos ahora. Por eso la primera y única respuesta posible a esas preguntas que casi siempre maquillo con una sonrisa es: porque así estamos felices. Somos tres en la casa y estamos contentos así. Es como si mucha gente considerara que tener un solo hijo no es suficiente para consolidarte como familia. Me encantan las familias con muchos hijos, pero en mi caso somos felices así y no veo otra razón por la que tengamos que cambiar esos planes.