Solo hazlo

I watched his wildest dreams come true
And not one of them involving you
Just watch my wildest dreams come true
Not one of them involving…
(Misery Business – Paramore)

Es viernes. Su hermano Javier ha venido de Vancouver a visitarnos y conocer a la bella Zoe. Es de noche, estamos en la piscina. Yo no me puedo meter porque me ha venido la regla. Después de nueve largos meses he vuelto a sentirme mujer. El ciclo ha regresado y soy otra vez quien solía ser antes de quedar embarazada.

Así que sólo meto los pies. Ellos se meten a la piscina. Abren un vino blanco. Es una noche especial. Estamos los tres iluminados por la luz de la piscina y por alguna que otra luciérnaga que vuela por ahí. No faltan los bichos impertinentes como dos o tres lagartijas o los odiosos mosquitos que hacen de mí su banquete preferido.

Pero nada de eso impide que sea una noche jodidamente feliz. No solemos recibir visita, somos más bien huraños, pero cuando es una compañía como la de Javier, no hay forma de que la pasemos mal.

Nos trae Ice Wine. Que es un vino canadiense hecho con uvas en invierno, recogidas de la nieve. Es dulce, bajo en alcohol.

También tenemos un vino blanco que compramos en el Farmer’s Market y otro que nos regaló uno de los ejecutivos de Mega, hecho a base de aguacate.

Todos saben bien. Mezclamos los tres (pero no nos mezclamos entre nosotros tres, a pesar del alcohol, tenemos el buen tino de guardar la compostura), y esa rara mezcla de alcoholes nos embriaga levemente, nos hace sentir más dichosos (como suele suceder cuando uno toma alcohol) y contentos con lo que nos rodea.

Los bichitos y lagartijas han pasado a segundo plano. Ahora sólo importa la música, la conversación, los secretos. Nos contamos cosas. Cada uno cuenta una historia personal y divertida. Cada uno elije una canción. Él pide una de The Strokes, yo pongo Soda y Javi nos enseña una canción que no había escuchando antes, pero que está cantada por un grupo que sí conocía. La canción se llama Just say yes, y el grupo es Snow Patrol.

Es una canción estupenda, así que nos quedamos un momento en silencio escuchando y por ratos cantando: just say yes, just say there’s nothing holding you back…

Él me mira de reojo y sé lo que está pensando. Sonrío y miro parte de mis piernas sumergidas en el agua. Él se acerca y me acaricia los pies por debajo del agua. Seguimos conversando.

Pienso en la visita que recibiremos la próxima semana. Pienso en Zoe. Subo a su cuarto y veo que está profundamente dormida. Tere está a su lado. Duerme también.

Veo a mi hija echada en su cuna y me sorprendo de lo bella que es. Cada día que pasa la quiero más. Cuando nació yo pensé que ya la amaba con todo mi corazón, pero a medida que van pasando los días y ella va creciendo y me va mirando cada vez con más intensidad, voy queriéndola más de lo que pensé que podía quererla.

No me ha hablado nunca y ya la amo. No se ha dirigido a mí y ya está en mi corazón (después dicen que el amor a primera vista no existe). Sus medias sonrisas me hacen sonreír instantáneamente. No sé si ríe por lo que le digo o se ríe de mí, en cualquier caso amo verla sonreír. Amo también verla dormir, por eso me quedo parada un rato más mirándola en su cuna, antes de bajar a poner otra canción.

Bajo las escaleras saltando, cantando suavemente take my heart, please take my heart.

Me remango el vestido y vuelvo a meter los pies en la piscina. Ellos hablan de política y yo doy mi opinión solo cuando me lo preguntan, que es muy esporádicamente. Prefiero concentrarme en la canción que pondré a continuación. O en algún otro pensamiento pajero que cruza mi cabeza. Pienso que por fin estoy en el lugar en el que quiero estar. Que esto no se compara en felicidad a los campamentos que hacía con mi ex en la playa y en los que juraba ser feliz. Probablemente lo fui. Pero ahora, la sola presencia de mi hija y mi creciente y constante asombro cuando lo miro y pienso en lo endiabladamente mágica que fue esa noche que la concebimos es una confirmación de que no hay mayor felicidad que esta. En lo inolvidable que fue aquella noche, cuando le puse esa canción de John Mayer y le dije esta va a ser tu canción preferida y cuando comprobé que en efecto la canción le estaba encantando, me dije a mí misma: no importa cuánto tiempo pase, no importa lo que pase, no importa si nos dejamos de ver uno, dos o cinco años, siempre va a haber entre nosotros una química alucinante y esta noche hemos sellado un pacto de amor implícito, secreto, en silencio. Solo hazlo. Entrégate, me dije. No tengas miedo a qué pasará luego.

No sé si es el alcohol o la confianza o un poco de ambas, pero termino diciendo todo esto en voz alta, con él acariciando nuevamente mis pies, con la canción de Snow Patrol sonando por vez número diecisiete y con Javier escuchando mi historia con absoluta atención (hoy en día en un milagro encontrar a alguien que sepa escuchar, que se interese por historias ajenas).

Cuando ya son casi las cuatro de la mañana y el vino se ha terminado, ellos salen de la piscina y yo saco los pies del agua. Les alcanzo sus toallas. Nos decimos buenas noches, Javi se va a su cuarto (al cuarto de huéspedes) y nosotros entramos a la casa. Estamos un poco borrachos. Vamos al segundo piso y nos ponemos ropa cómoda. Yo le seco el pelo con la secadora y hago que se abrigue bien. Lo que pasó después es algo que no habíamos hecho antes y que en honor a mi honor (si algo queda) no debo contar.