Alguno de estos días

Días como hoy pienso en lo que ocurrió hace un año. Cuando estaba borracha en el malecón mirando el sunset en el carro de algún amigo. Cuando estaba devastada porque él y yo habíamos peleado por esa hija que no podíamos tener. Por esa falsa alarma. Ese embarazo fallido que nos distanció un tiempo.
En ese momento yo sentí que no nos entendimos. Que él no supo leer mi ilusión o yo no supe expresarla. Un tiempo después volvimos a proponernos, sin decírnoslo, crear a esa criatura mágica que ahora duerme en el cuarto de al lado.

Días como hoy recuerdo lo que fue el embarazo. Los primeros meses. Las náuseas. Los malos ratos. La remodelación del departamento. El hotel. Los jugos con linaza. Los vómitos. Las galletas de soda. La barriga creciendo. Las consultas al médico. El viaje a Paracas. A Buenos Aires. Las canciones. Las ecografías. Las primeras patadas. Los antojos. El restaurante francés. El invierno de Lima.

Días como hoy veo con asombro que lo que estaba adentro ahora está a mi lado. Que la barriga ha desaparecido por completo. Mis costillas se sienten más relajadas. Me puedo amarrar y poner los zapatos sin problemas. Puedo recoger cosas del suelo. Puedo agacharme a gusto. Mis tobillos y mis pies se han deshinchado. Mis labios ya no se ven blancos. Las marcas de los pinchazos han desaparecido. La comida ha dejado de caerme mal. Mis digestiones son más rápidas. Cuando hago siesta ya no despierto con ese mal sabor en la boca. La herida ha cicatrizado parcialmente. No se ven los puntos. Me han cosido por dentro con un hilo que es o será “absorbido por la piel”. Me ha quedado dibujada esa línea oscura y vertical que divide la barriga de toda mujer embarazada. Que apareció al octavo mes y que nunca supe por qué salió. Quedan también los restos del pegamento de la cinta adhesiva con la que sujetaban los tubos y las agujas.

Días como hoy, con el calor que hace, no me puedo meter a la piscina. El doctor dice que la herida debe cicatrizar por dentro. (Aunque ambos sepamos que hay heridas que nunca terminan de sanar). Que no debo hacer mucho esfuerzo ni tener sexo por un mes. Piña.

Días como hoy me digo que debo buscar un anticonceptivo para entonces. Ya va siendo hora. No confío en los condones. No confío en las pastillas. No confío en mí. Necesito un DIU.

Días como hoy miro la piscina desde mi balcón. Veo cómo los mosquitos han comenzado a invadir la isla. Cada vez hay más y más. Vienen con el calor. Ya me han picado varias veces y estoy dispuesta a convivir con ellos siempre y cuando me piquen a mí. El día que alguno de ellos se atreva a picar a mi hija, los mando a fumigar a todos.

Días como hoy siento que en unos años estaré muy lejos del lugar en el que estoy ahora. No sé si con la gente que me rodea en este momento. Me gustaría que sí. Habrá que aceptar lo que venga con valentía. Saber reconocer que nadie es de nadie y que todo pasa por algo. Procurar no perder el control y hacer que prevalezca la amistad. En otras palabras, saber perder, si ese fuera el caso.

Días como hoy siento que en unos meses me veré exactamente como antes de quedar embarazada. No sé si mi hija querrá ser mi amiga. Si sentiré que tantos cambios de pañal y horas de sacrificio han valido la pena. Si me lo agradecerá. Si reconocerá todo lo que hice por ella o será una hija con mirada crítica y me recordará las cosas que hice mal. Si realmente sentirá que soy su madre o me mirará como si fuera una completa extraña.

Días como hoy pienso que no quiero tener más hijos. Me abruma recordar la agonía de los tres primeros meses. El peso de la barriga. La hinchazón de los pies al final. La certeza de que la maternidad es un trabajo por el cual nadie te paga y nadie te agradece.

Días como hoy caigo en la cuenta de que mis horas de sueño se han reducido. No duermo igual. Aunque ella duerma. Siempre estoy pendiente. Siempre un ojo abierto.

Días como hoy odio cuando me preguntan qué se siente ser madre. Mensaje a la comunidad: se siente bien, cómo más se va a sentir. Puede que haya momentos de extremo cansancio, de fatiga, de desesperación. Los hay. Sin embargo, cualquier mujer con dos dedos de frente y de corazón, ama a su bebé por sobre todas las cosas. Con lo cual, al final, los buenos ratos prevalecen.

Días como hoy pienso que debí ser cantante. Escribir mis propias canciones. Bailarlas. Aunque llegue a ser evidente que bailo mejor de lo que canto (lo cual no necesariamente es algo bueno). Pero mi poca fe en mí misma me resignó a lo que ahora soy: una mujer áspera, huraña y retraída. Un intento fallido de escritora aplaudida.

Días como hoy escribo mientras ella duerme. Aún no he empezado la novela que quiero escribir. La tercera. La que hablará de mi primer amor. Esperaré a que ella tenga tres meses. Quizá un poco más. De momento no pienso dejar el blog. A pesar del poco tiempo libre. Dije que sería escritora y madre y lo cumpliré. Aunque una cosa parezca incompatible con la otra.