Dedicado a todos aquellos que tienen un ex, es decir, a la población casi entera.

Está el ex que te odia: el que después de, no importa si fue largo o corto el tiempo que estuvieron juntos, aunque por lo general esto es más frecuente en relaciones largas, cambia de una manera en exceso sorprendente ese amor que te tenía por un odio tremendo, visceral, un odio que sale de las mismas entrañas que un par de días o incluso horas atrás sólo podían cobijar amor y ternura. Habla mal de ti y va por la vida despotricando y repartiendo insultos contra ti y toda tu ascendencia (y a veces descendencia). Sólo le interesa dejarte mal y si tiene que mentir para eso, no tiene reparo alguno en hacerlo. Te odia porque lo dejaste. Punto.

Está el que te acosa: Te deja flores y regalitos en los lugares más insólitos, despertando en ti una sensación de bochorno con la gente que está en ese momento a tu alrededor. Te llama a todas horas, en la mañana para ver cómo amaneciste, en la tarde para ver cómo va tu día y en la noche para decirte que sueñes con los angelitos. Que aunque no estén juntos, tú siempre estarás en su corazón. Con lo cual uno termina pensando, no, no estás en mi corazón, tú también sácame del tuyo o tenme, pero tenme a un ladito, en un rincón donde no le dé la luz. Te busca, pero no porque quiera ser tu amigo, sino porque quiere regresar contigo y te lo dice. Si le pediste un tiempo, no deja de mandarte mails del tipo: ¿Cómo estás? ¿Todo bien? Yo bien, muy bien, acá… esperando que vuelvas a verme como parte de tu vida…

Entonces enseguida lo visualizas sentado en la banca de un parque deshojando una margarita con ojos de perrito que no quiere salir a pasear y sientes, piensas, o gritas: ¡Déjame en paz!

El que te acosa, pero con ataques: No te deja. Te odia por haberlo dejado, pero no puede dejarte. Te escribe mails y mensajes de texto insultándote, amenazándote, diciéndote cuán miserable será tu vida ahora que lo dejaste. Diciéndote que te vas a arrepentir, que estás cometiendo un error. Tratando de insertar en ti sentimientos de culpa por haberlo dejado. Recordándote lo miserable que fue su vida a tu lado. Lo mal que la pasó. Lo penoso que le resulta que ahora estés saliendo con otra. Si te ve en alguna discoteca se acerca con aires de “yo soy mejor que tú”, solo para evocar tu maldad, para echarte en cara la persona vil y canalla en la que te has convertido y, si puede, armarte un escándalo en frente de todo el mundo.

El que hace como si le diera igual: “No, ya fue, no me importa”, y luego cuando se toma unos tragos se apoya en el hombro de la persona más cercana, relegando el hecho de que esa persona no es necesariamente su amiga, y le cuenta cómo fue que terminaron, lo bien que se llevaban, los buenos y malos momentos que pasaron para luego preguntar: Pero, ¿tú crees que me extrañe? ¿Piensa en mí?

El que cree que son amigos: Es ese tipo de persona que, incentivada por una absurda ilusión de que volverán a estar juntos, hace de cuenta que ahora es tu mejor amigo y te llama a los dos días de haber terminado y te habla como si nada hubiese pasado. Hey, qué tal, ¿todo bien? Sí, todo bien, flaco, pero creo que necesito unos días de espacio, ¡gracias!

El que se inventa historias: Se inventa nueva novia o novio, se inventa cosas (obviamente nada buenas) sobre la nueva chica o chico con el que estas saliendo, se inventa enfermedades terminales, se inventa asaltos, persecuciones y toda clase de asuntos inimaginables para a) llamar tu atención, b) hacer que te pelees con tu pareja de turno, o c) dar lástima. Es un tipo de ex poco frecuente, pero los hay y puedo dar fe de ello.

El que te llama estando borracho: O se aparece en la puerta de tu casa, en completo estado de ebriedad, tambaleándose, cantando, puteando, llorando, o simplemente diciéndote tenemos que hablar, en serio, mírame, tenemos que hablar.

No sé que es peor. Si eso o que te llamen de madrugada mientras tú estás durmiendo porque ese sábado decidiste que te quedarías descansando del trabajo, de la familia, de tu vida en general.

El que cambia radicalmente: Era una persona cuando estuvo contigo, ahora es simplemente irreconocible. No sabes bien si es porque enloqueció y tú tienes algo que ver con eso, o porque él simplemente decidió cambiar. El cambio puede ser físico o emocional, o una mezcla de ambos. El hecho es que no lo reconoces. Te lo encuentras en una fiesta y no te saluda, hace como que no te ve y tú no sabes si acercarte y decirle ¿todo bien? Porque no entiendes cómo así ahora se viste todo de negro con collares de púas al estilo metalero cuando antes suspiraban juntos escuchando a Arjona.

El que vino con todo y familia: Ya terminaste con él, pero por alguna extraña razón sigues manteniendo contacto con su mamá, con su hermano, con la prima. En especial con la mamá, que te llama, te pregunta cómo estás, te invita a comer a la casa. Tú vas feliz porque le tienes cariño y porque tienen harto tema de conversación y porque tu ex muchas veces ni se entera que estuviste ahí. Porque finalmente la cosa es con su familia, no con él.

El que era un aburrido y ahora de pronto ya no: Cuando estaba contigo no quería salir nunca a ninguna parte, porque “le daba flojera” y ahora que no están juntos resulta que es re juerguero, amiguero, baila, y cuando pensabas que ya habías visto suficiente, te enteras que mueve fiestas, que tiene entradas para todas las discotecas y conciertos habidos y por haber.

El que te avergüenza: Ese tipo de ex que te encuentras en alguna fiesta y dices ¡Cómo diantres pude estar con él! No entiendes qué era lo que encontrabas bonito de él, te agarra un Alzheimer agudo cuando tratas de recordar por qué demonios estuviste (o perdiste) tanto tiempo de tu vida con él. Lo miras de reojo, observas su comportamiento y te preguntas una y otra vez si estabas en ácidos cuando pensaste en besarlo. Tus amigos se dan cuenta del error y cuando te lo hacen saber, tú sonríes, te dices cómo pude ser tan idiota y para evitar que tu autoestima caiga unos cuantos puntos, lo niegas como Pedro negó a Cristo, no tres, sino cuatro, seis, ocho veces si es necesario.

El que se renueva: empieza a hacer todo lo que no hizo en dos años de relación, sólo para reconquistarte. Se corta el pelo, se limpia las uñas, se borra los tatuajes, empieza a vestirse bien. Hace exactamente lo que querías que hiciera cuando estaban juntos, lo cual resulta irritante para ti, porque ya no quieres saber nada de él, no lo quieres renovado ni sin renovar, simplemente no lo quieres más. Aunque claro, también pasa lo contrario. Que la persona se renueva para bien, es decir, se vuelve, no sabes por qué ni cómo, mucho más guapo a tus ojos, pero maldita sea, ahora es él quien no te quiere a ti.

El que aclara: necesita decir que fue él quien te dejó. Así no sea verdad, necesita decirlo, necesita dejar en claro que fue él quien terminó. Okay, adelante, si tan feliz te hace, dilo.

El desaparecido: Una vez que terminaron desapareció del mapa. Nunca más lo volviste a ver.

El nuevo rico: no tenía un sol cuando estaban juntos, pero ahora, llámala una casualidad del destino, tiene auto nuevo, ropa nueva, Blackberry y todo tipo de aparatejos tecnológicos que tú ni siquiera sabías que existían. Lo que sí sabes que existieron fueron las ampollas que te salieron más de una vez en los pies por caminar en tacos para tomar taxi cada vez que salían a una fiesta.

El irrecuperable: te sigues muriendo por él, pero sabes que hagas lo que hagas él nunca volverá, porque a) se casó b) va a tener un hijo, c) se metió de cura, o d) simplemente se enamoró de otra.

El de la infancia: estuvo contigo cuando tenían diez años, probablemente a las justas se dieron la mano, pero tú lo cuentas, porque es tu ex pues, estuvieron, eso cuenta. Nunca llegaste a terminar con él, o si lo hiciste fue por cartita o a través de una tercera persona. Vienen recuerdos a mi mente: “dice Gino que ya no quiere estar contigo”. Gracias Gino. Gracias por avisar.

El cool: es el que acepta que ahora ames a otra persona, que llora sus penas en silencio, que cuando te dijo que no te quería más, lo hizo de un modo delicado, que no te hizo sufrir, que nunca habla mal de ti, que te recuerda con cariño, que es ante todo tu amigo. Si se encuentran, a lo mejor se besan un poco y no pasa nada, porque ambos tienen las cosas claras. Es un tipo de ex en extinción, poco frecuente de encontrar. A mí nunca me tocó. Si alguien tuvo esa suerte, por favor diga: yo.

Finalmente está el ex que tiene un poco de todas las categorías anteriores, digamos que es de varios tipos a la vez, o sea, el que es tu ex.